Los
próximos 9 y 10 de mayo se celebrarán los exámenes finales de
etapa de 4º de la ESO en algunos centros educativos, pruebas que
perdieron su validez académica, gracias en parte a las
movilizaciones de la comunidad educativa, pero que solo con su
presencia nos recuerdan la naturaleza dañina y absurda de la Lomce.
Ante un modelo educativo confesional, como es este modelo, podríamos apelar, para entender el entuerto, si aún no se ha intuido, a aquella cita bíblica que viene a decir “Mucho son los llamados pero pocos los elegidos”. Pero tampoco nos vale, ya que la población elegida para el experimento es muy reducida, tanto que resulte muy difícil que los resultados del examen propongan algún dato enojoso, inoportuno o molesto. Es decir, como el diagnóstico depende de la muestra, la muestra no puede contradecir el diagnóstico. Sobre todo si se ha elegido cuál debe ser este.
No es extraño que el alumnado que se niegue a formar parte del guiso al que sirven de condimento, ni que el profesorado se tape la nariz, qué decir de los inspectores.
Pedimos, no. Exigimos, eso sí, que se publiquen SUS resultados, y damos por bueno el guiso sin guisarlo.
NO A LAS REVÁLIDAS, NO A LA LOMCE
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