Como consecuencia de la privatización de la sanidad y el mantenimiento de los servicios públicos en estado de precariedad crónica, se garantiza el negocio privado, desde hace más de tres décadas, lo que podía ser rentable para las empresas se va “externalizando”. También se fueron incrementando progresivamente los conciertos con clínicas privadas para reducir unas listas de espera que son el resultado de la insuficiencia e infrautilización crónica de los servicios públicos. Así hasta llegar a la aberración de “ceder” la gestión del nuevo hospital de Burgos (el HUBU) a una empresa privada, con los mismos objetivos de negocio que cualquier empresario. Este modelo supone derivar los recursos para la correcta atención al paciente hacia las cuentas de benéficos de la empresa.

















